El silbatazo final del Mundial de la FIFA marcará el cierre de la fiesta del fútbol y, con él, el término de una posible tregua pactada entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
Con este evento deportivo de fondo, se ha gestado una tormenta política de grandes proporciones, en virtud de las recientes declaraciones del director de la DEA, señalando una «conexión peligrosa» entre los cárteles de la droga y algunas esferas de gobiernos, que han encendido las alertas en Washington.
Como ya es costumbre, la respuesta oficial desde la mañanera ha sido minimizar esas declaraciones.
Sin embargo, los hechos son contundentes.
Una vez que se disipe la euforia mundialista, la presión de la Casa Blanca se incrementará drásticamente, traduciéndose en un goteo constante de denuncias y solicitudes de extradición dirigidas a políticos y funcionarios públicos en activo.
A las filtraciones periodísticas de medios como The New York Times, que ya pusieron bajo la lupa a gobernadores de Sinaloa, Baja California, Sonora y Tamaulipas, así como a funcionarios estatales de primer nivel en esas entidades federativas, se sumarán próximamente nuevos y comprometedores expedientes que apuntan directamente a Michoacán.
Grandes y oscuros nubarrones se aproximan al horizonte nacional ante la inminente exigencia por parte de nuestros vecinos del norte de entregar a políticos vinculados con el crimen organizado.
La evidente reticencia presidencial a cooperar obedece a un temor fundado; que los tribunales estadounidenses expongan pruebas irrefutables de que el dinero ilícito financió las campañas electorales que permitieron a Morena consolidar su hegemonía absoluta.
El riesgo va más allá de un tema diplomático. Si la justicia norteamericana logra demostrar que el partido en el poder opera como un brazo político del narcotráfico, el impacto internacional y local será irreversible.
En conclusión, el fin de la tregua deportiva obligará al gobierno a enfrentar un dilema; o se asume una depuración profunda del sistema cooperando con las autoridades estadounidenses, o se asiste al naufragio de la legitimidad del partido en el poder.
¿Qué decisión tomará la Presidenta?



















