Con aquella gravedad de quien sufre el dolor ajeno, Zoé Robledo, el director general del IMSS impuesto por López Obrador en el cargo, sale a dar sus condolencias a las familias de los niños fallecidos en un hospital de Guadalajara.
No incluye a los de Durango…
Y anuncia una serie de medidas chafas, humo distractor, excepto porque acusa, o hace responsable al médico director del hospital y lo separa del cargo.
Es un intento por hacer sentir a las víctimas y a una ciudadanía indignada, que se hará justicia.
¿Justicia?
Justicia sería enviar ante la Fiscalía a cada diputado y diputada que votaron a favor de un presupuesto que le quita recursos al sector salud.
Justicia sería enviar a la cárcel a la Presidente y al Presidente que enviaron esas propuestas presupuestales un año tras otro, con recortes drásticos en el aparato de la medicina pública.
Justicia sería enviar al banquillo al propio Zoé, quienes aún con bajo presupuesto contratan a empresas «amigas» para brindar servicios que al final no otorgan pero se llevan como quiera el dinero.
¡Corruptos y asesinos!
Son heroicos los trabajadores del sector salud quienes suministran oxígeno a los pacientes a través de vasos de hielo seco… los que bajan cinco pisos por escaleras estrechas a niños recién operados…
Pero Zoé, la Presidente y sus diputados y diputadas son desalmados y desalmadas criminales a quienes no les interesa sacrificar a niños y niñas en pos de sus ambiciones.
No hay justicia en este mundo de devuelva la vida a esos inocentes…
Y parece que tampoco la habrá para aplicarla a esos criminales.





















