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La muerte de una científica en Rusia revive las sospechas sobre los laboratorios heredados de la era soviética

La muerte de una científica en Rusia revive las sospechas sobre los laboratorios heredados de la era soviética
  • Publishedoctubre 10, 2026

Especial/Redacción/I.A.

Moscú. La muerte de una técnica de laboratorio en el Instituto de Investigación de la Peste de Irkutsk, en Rusia, ha reactivado el debate internacional sobre las actividades que se desarrollan en algunos centros de investigación biológica heredados de la era soviética.

Tras el incidente, diversos medios de comunicación y representantes políticos, especialmente en Estados Unidos, han vuelto a poner el foco sobre una red de laboratorios rusos que, según investigaciones y documentos históricos citados por expertos occidentales, habrían mantenido vínculos con programas de armas biológicas durante la existencia de la Unión Soviética.

El Instituto de Investigación de la Peste de Irkutsk ha sido durante décadas un centro especializado en la recopilación y estudio de cepas altamente virulentas de enfermedades como la peste, el ántrax y otros agentes patógenos de alta peligrosidad. Las autoridades rusas sostienen que estos trabajos tienen fines de salud pública, vigilancia epidemiológica y desarrollo de medidas de protección frente a enfermedades infecciosas.

Sin embargo, investigaciones realizadas en Estados Unidos y recogidas por diversos medios apuntan a que algunos laboratorios especializados en el estudio de la peste habrían colaborado en el pasado con los programas soviéticos de armas biológicas. Estas afirmaciones forman parte de un debate que continúa siendo objeto de controversia y cuyas actividades históricas permanecen parcialmente clasificadas.

El doctor Mirko Himmel, especialista en armas biológicas de la Universidad de Hamburgo, subraya la necesidad de distinguir entre la investigación defensiva y la ofensiva. Según explica, la denominada investigación de biodefensa, permitida por el derecho internacional, busca comprender agentes patógenos potencialmente peligrosos para desarrollar medidas de prevención, detección y respuesta.

«Muchos países con capacidad científica y tecnológica realizan investigaciones de biodefensa relacionadas con agentes que podrían emplearse como armas biológicas», señala Himmel, mencionando entre ellos a Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, Alemania y Francia.

El experto advierte, sin embargo, que la falta de transparencia en algunos programas dificulta determinar con precisión el alcance de determinadas investigaciones. Según indica, Estados Unidos ha expresado en distintas ocasiones sospechas sobre posibles programas ofensivos de armas biológicas en países como Rusia, China, Corea del Norte e Irán, aunque no existe información pública detallada que permita verificar esas acusaciones de manera concluyente.

Himmel añade que uno de los principales problemas radica en que la investigación de biodefensa podría utilizarse potencialmente para encubrir actividades de carácter ofensivo. La delgada línea entre ambas áreas ha sido durante décadas uno de los principales desafíos para los mecanismos internacionales de control.

De acuerdo con el experto, un eventual uso militar del agente causante de la peste podría producir infecciones respiratorias graves si fuera dispersado mediante aerosoles. No obstante, recalca que actualmente no existe información pública que confirme la existencia de arsenales biológicos operativos basados en este patógeno.

La comunidad internacional cuenta desde 1975 con la Convención sobre Armas Biológicas (CAB), un tratado que prohíbe el desarrollo, producción y almacenamiento de este tipo de armamento. Sin embargo, Himmel destaca que el acuerdo carece de un mecanismo efectivo de verificación que permita inspeccionar y comprobar el cumplimiento de los compromisos asumidos por los Estados miembros.

«Esa ausencia de verificación hace que la sociedad civil no pueda conocer con certeza si existen investigaciones ofensivas ni cuál es su alcance real», afirma el especialista.

La reciente muerte en el laboratorio de Irkutsk no ha generado pruebas que indiquen una relación con programas militares, pero el suceso ha reabierto interrogantes sobre la transparencia de determinadas investigaciones biológicas y sobre la eficacia de los mecanismos internacionales destinados a impedir el desarrollo de armas biológicas.