Me lo dijo Jorge Hank Rhon en una de sus fiestas de cumpleaños allá en Tijuana…
«Heredar los cargos a esposas, hijos o hermanos, va a acabar con el PRI, porque la grandeza de este sistema, es que te entrega el palo de la piñata para que le des con todo y saques dulces… pero cuando se acaba tu turno, tienes que entregarlo para el que sigue.
«Si te apropias del palo y de la piñata, se acaba la fiesta».
Sabias palabras de un tipo que acababa de beber su famosa Leche de Tigre… que organizaba una fila inmensa para escanciar en las bocas de cada uno y cada una, un gran chorro de su tequila personal».
Ese era el sistema del PRI…
Respetar la fila y esperar con paciencia.
Había quien aguardaba impaciente, porque nunca le daba a la piñata… a ese le entregaban como quiera un buen bolo.
Así funcionaba…
Pero llegó el tiempo en que cada quien se quedaba no solo con el palo y con la piñata, sino que además negaba a los que no fueran de su grupo, el sagrado derecho al bolo.
Vino la estampida…
El PRI se quedó solo y dejó de ganar.
Se redujo.
Ahora, en Nuevo León ocurre algo interesante: Adrián de la Garza revive la vieja y exitosa escuela de acomodar a todos en el barco.
Así, hay priístas que se fueron a MORENA quienes transitan excelente con Adrián.
Hay panistas que encontraron en el alcalde regio una oportunidad de colocar a sus estructuras en algún cargo para asegurar «el chivo».
Puede que sea un caso único…
No sé si en Coahuila ocurra igual con Manolo… no sé si en Durango.
Pero si alguna oportunidad quiere tener el PRI de resurgir, debiera mirar desde su altura, hacia el renacimiento del viejo estilo tricolor en Monterrey.
Adrián confiesa que al platicar con Ricardo Canavati, cuando lo visitó en el hospital le enseñó una gran verdad…
«Aquí nadie sobra».
Y sobre esa base, los que pelean por ti reviven una añeja y sabia frase:
«Lo importante no es llevar las riendas, sino ir sobre el caballo… aunque sea en ancas»