El procurador entró a la oficina y, sin decir agua va, soltó la preocupación: “Anda un calibre 50 por la región”.
Eran los días de la lucha contra el “narco”.
Esa arma puede hacer blanco a dos kilómetros.
A Homero no le gustaba mi costumbre de hacer eventos al aire libre.
La solución momentánea fue poner lonas y mallas para evitar “hacer silueta” que favoreciera a un francotirador.
Un río de armas inundó Coahuila, ninguna fabricada en México.
En buena medida, la guerra que vivimos desde hace varias décadas se nutre de miles de millones de dólares que adictos en el mundo pagan por consumir drogas y se sostiene con modernas armas, en especial norteamericanas, que entran por las fronteras gracias a un permiso tácito del país productor y por la ineficacia de las autoridades de nuestra patria.
No es difícil encontrar notas que relatan lo sucedido en la entidad norteña y, para muestra de lo sucedido: en octubre de 2014, la policía de Coahuila descubrió y aseguró en el municipio de Acuña un arsenal consistente en 17 armas cortas y largas, 3 lanzagranadas, 24 mil cartuchos y 111 cargadores para fusil AK-47.
En noviembre de 2015, en el ejido Sardinas, elementos del Ejército encontraron más de 170 armas, 92 mil cartuchos, 4 mil cargadores y un lanzacohetes.
Todo se descubrió en una bodega y se presume que pertenecía a los zetas.
Por esos días, pero en Sabinas, se incautaron 16 armas largas y 4 cortas, 84 granadas de fusil, además de casi 2 milcartuchos.
Un mes antes, un cuartel de policía en Piedras Negras fue atacado con un misil de fabricación rusa de los llamados RPG–7.
En enero de 2017, cuando se había recuperado la paz en la entidad, se decomisaron, en este mismo municipio, lanzacohetes que serían utilizados para atentar contra funcionarios, entre ellos el gobernador.
Hace unas semanas, los diarios nacionales dieron a conocer información sobre el origen de las armas incautadas.
En pocas palabras, las notas se resumen en una terrible realidad: el 80 por ciento procede del vecino norte y casi la mitad de los cartuchos .50 fueron rastreados hasta una fábrica de municiones en las afueras de Kansas City, Misuri, que es propiedad de los Estados Unidos, la fuente: el secretario de la Defensa de México.
Al mismo tiempo, circula La violencia vino del norte, un excelente y revelador libro de la autoría de Carlos Pérez Ricart.
En la contraportada, unas líneas nos dicen todo: “La tormenta no se gestó en México, sino al otro lado de la frontera. (…) Fue allá donde se desmanteló el sistema de control.
Fue allá donde se vendieron las armas que aquí matan. Fue allá donde se protegió, con leyes y cabilderos, a quienes lucran con el desastre”.
Las armas son un tema para reflexionar y la lucha contra el crimen debe considerar esa variable.