Carta Abierta de Jesús Elizondo a Ariadna Montiel: «Le mienten señora Presidenta»
Que ningún diputado tenga que escoger entre su conciencia y su permanencia
Presidenta:
Le escribo así, de manera abierta, porque es la única forma que encuentro de que estas palabras le lleguen a usted directamente, sin intermediarios.
Lo que está pasando en Nuevo León en estos días me ha enseñado que entre su voluntad y la realidad hay un grupo de personas que decide qué información sube y cuál no.
Por eso le escribo: tengo plena confianza en usted, y a usted le están contando una historia que no es la real.
Antes de que esa historia decida por usted, quiero ponerle los hechos enfrente.
La Cuarta Transformación consolidó la inclusión de género.
Hoy puede consolidar la inclusión generacional: esta semana, el Congreso de Nuevo León puede votar la segunda vuelta de la reforma que reduce la edad para ser gobernador, diputado local y alcalde.
No es una ocurrencia mía: es la homologación de la reforma que Morena propuso y aprobó en la legislatura federal pasada, y en Nuevo León se aprobó en primera vuelta, en marzo de 2025, por unanimidad con los votos de todas las fuerzas políticas.
Frenarla hoy no protege al proyecto: lo contradice.
Sin embargo, varios legisladores del partido me han comentado que se estaría bajando una instrucción para votar en contra de la reforma o no asistir a la sesión.
No quiero creerlo.
Pero si fuera cierto, tendríamos que decirlo con claridad: el miedo no puede ser lo que defina el voto de un movimiento que nació, justamente, para perderle el miedo al poder.
No está bien.
Estoy seguro de que, de ser cierto, usted no lo sabe ni lo avala.
Porque eso no sería disciplina: sería usar la estructura del movimiento para cerrarle la puerta a los jóvenes y a todo el que piensa distinto.
Por eso se lo escribo a usted directamente: para que sea su criterio histórico, y no el de su entorno, el que decida.
La soberbia de quienes, escudados en su nombre y buscando intereses de grupo, hoy operan en el CEN a sus espaldas y de espaldas a la gente, se ve en sus métodos: descartan candidatos, convocan con trucos y candados con destinatario, y acusan sin pruebas o con pruebas fabricadas en medios.
Eso no se lee como fuerza: se lee como desesperación.
Esa soberbia es el mejor regalo para quienes adversan a la 4T: la derecha no nos gana por su fuerza, sino por nuestros errores.
A mí, presidenta, me están acusando de que me controlan desde fuera del partido por ser joven —la misma vieja lógica con la que se le dice a una mujer capaz que la controla un hombre—.
Usted, como la mayoría de las mujeres en política, conoce esa historia tanto como yo.
Le pido que no se la dejen contar de mí.
Júzguenme por mis iniciativas, por mi trabajo y por mi preparación.
Y a quienes hoy la rodean y le piden frenar esto, dígales que tenerle miedo a una generación nueva no es de izquierda: es la derecha la que le teme al cambio.
No le escribo solo por la ley.
Le escribo por lo que la ley significa, y porque sé que usted, mejor que nadie, lo entiende.
Usted fue líder estudiantil a los 25 años, defendiendo la educación pública en la huelga universitaria de 1999.
La Presidenta de México lo fue a los 23, en 1986.
A ninguna de las dos la frenó su edad.
A aquella generación la llamaron inexperta, la quisieron desprestigiar en los medios, dijeron que la movían desde afuera.
Y la historia les dio la razón: hoy encabezan el movimiento y el país.
Usted no llegó hasta aquí pidiéndole permiso al miedo de los que querían que nada cambiara.
Llegó porque alguien, en su momento, creyó que valía la pena abrirle la puerta a una generación nueva.
El peso de la historia nos observa, presidenta.
Lo que se decida en estos días no lo van a juzgar solo los periódicos de mañana: lo va a juzgar la misma historia que la puso a usted donde está.
Por eso, presidenta, lo único que le pido es que deje que esta bancada vote en libertad.
Y le pido que mire quiénes la integran: en estas mismas filas hay diputados que ya votaron esta reforma cuando se aprobó a nivel federal, otros que la inscribieron como iniciativa propia, y todos, sin excepción, la votaron a favor en la primera vuelta aquí en Nuevo León.
No se les está pidiendo que cambien de opinión: se les está pidiendo que voten en contra de lo que ellos mismos ya defendieron.
Eso no es disciplina; es obligarlos a contradecirse.
Déjelos ser fieles a su propio voto. Que ningún diputado tenga que escoger entre su conciencia y su permanencia, porque un voto arrancado con miedo no fortalece a un movimiento: lo vacía.
Cuando la segunda vuelta pase, presidenta, yo seré parte de esta nueva generación que solo quiere una cosa: competir sin trato especial.
No le pido que me elija.
Le pido lo único que su propia historia me autoriza a pedir: que no permita que, en su nombre, se le cierre la puerta a los jóvenes antes de que empiece la competencia.
Que quién represente mejor a este movimiento lo decidan la militancia y la gente, en el proceso interno, en piso parejo.
No le pido que me abra la puerta: le pido que no deje que me la cierren con más trampas.
La Cuarta Transformación consolidó la inclusión de género, de preferencias, de origen, de etnia.
Rompió techos que parecían eternos. Hoy puede consolidar, en Nuevo León, la inclusión generacional.
Confío en su criterio y en su historia. Por eso le escribo a usted, y no contra usted.
Con respeto y con lealtad a la Transformación,
Jesús Elizondo Salazar
Aspirante a la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional