Las estadísticas no mienten: No hay estado de la República en el que el nombre de Luis Donaldo Colosio no genere expectativa.
Cada Ciudad de México con 10 mil habitantes o más, tiene una calle con el nombre del padre del actual Senador… una calle o un auditorio… un auditorio o un teatro… un teatro o una colonia.
Sin moverse está en campaña permanente.
A todo eso agregue usted que el ex alcalde en Monterrey tiene formación teatral, sabe gesticular… sabe caracterizar.
A veces es el joven víctima del sistema al que le asesinaron a su padre; a veces es el férreo luchador contra la política ejercida por corruptos o aspirantes a dictador.
Por eso, una simple ecuación de matemática política resuelve que Colosio más sus habilidades políticas, sobre una plataforma de lucha contra la dictadura morenista, pueden dar un Presidente de la República.
¿Por qué entonces meterse a la danza de aspirantes a la gubernatura de Nuevo León?
No tiene sentido… al menos, en lógica política elemental.
Solo tendría si es que Colosio Riojas abandonara la idea de ir por la Presidencia en el 2030, y tuviera como máximo anhelo ser gobernador de Nuevo León.
Ir por Nuevo León tiene doble riesgo: Perder… y Ganar.
Es decir, en una elección para gobernador puede perder, y si pierde es un hecho que no será candidato presidencial.
Recuerden que por azares de la política y traiciones internas, perdió la Senaduría.
El otro riesgo es ganar…
Sí, porque asumir la gubernatura en las condiciones en las que va a quedar al terminar la presente administración le va a dar una tarea tan compleja, que al mismo tiempo deberá cubrirle las espaldas a Samuel y al mismo tiempo deberá brillar para proyectarse.
Con la paradójica condición, de que al cubrirle las espaldas a Samuel, le ayudará a convertirse en candidato presidencial.
Ir por la gubernatura de Nuevo León con la idea de que será un trampolín para la Presidencia es acercarse al lugar donde cantan las sirenas.
Colosio Riojas tiene un camino muy definido hacia la Presidencia.
Uno al que le basta la Senaduría para proyectarse.
Uno al que le basta la gubernatura para enterrarlo.