Delcy Rodríguez vio la tempestad y se arrodilló…
Atea ella, se inclinó ante el poderoso que hacía tronar el techo de su limitado poder: Trump.
Petro vio la tempestad y emprendió la peregrinación para arrodillarse ante el único poder que su atea existencia reconocía… el de Estados Unidos.
Daniel Ortega ya se santigua en nombre de Trump… Díaz Canel no cree en la soberanía divina, pero cree que el poder del presidente americano lo llama a cuentas.
Por toda América la leyenda del Hombre Blanco se convierte en realidad pasmosa.
En México, orgullosamente su gobierno se niega a inclinar el rostro ante el poderoso vecino… para mantenerse arrodillado ante el crimen organizado.
Adoradores de la serpiente emplumada, quizá aún esperan que les haga el milagro de ver la caída del imperio que les amenaza.
No saben que el pasado es prólogo…
Igual que los aztecas de hace más de mil 500 años, ellos hicieron tributarios a los habitantes de todas las comarcas.
Los sacrifican, se los tragan… tienen sus propias piedra sacrificial en cada campo de exterminio, en cada fosa que se descubre, en donde yacen los restos de los hijos e hijas de esos moradores agobiados.
Por eso es que esos moradores, igual que los tlaxcaltecas, se alían y anhelan la llegada de Trump, que como Cortés, entre a la Gran Tenochtitlán de los depredadores y haga caer su imperio del mal.
La historia se repite…