Ya escribí en mi anterior colaboración sobre el Plan B de la reforma electoral, turnado al Senado de la República, lo cual resulta paradójico, porque el Plan B atenta contra el federalismo que ha caracterizado al país desde sus orígenes, con excepción de algunos años de república centralista bajo Santa Anna.
Y el Senado es, por excelencia, una cámara federalista, donde todos los estados están representados.
En cuanto a la autonomía municipal, como ya lo señalamos, esta reforma la pone en entredicho al determinar, desde el centro, el número de regidores con que deben contar los municipios, así como la eliminación de una sindicatura; todo esto sin contar con un diagnóstico que demuestre las ventajas (si las hubiese) y las desventajas de su aprobación.
Otra grave consecuencia de esta reforma es la eliminación del Programa de Resultados Preliminares, que ha brindado certeza a electores, candidatos y partidos políticos de que los votos se cuentan y cuentan en los resultados electorales.
Sin este instrumento, no habría garantía de que, durante el proceso de conteo, no se inflen resultados o se modifiquen tendencias de manera artificial.
Sin embargo, la parte más delicada es la modificación de las fechas para llevar a cabo la revocación de mandato de la presidenta Sheinbaum, con el fin de que se realice en la misma jornada electoral y con la posibilidad de que ella misma se publicite durante la campaña, lo cual va en contra de la esencia de este recurso democrático.
Lo que se busca con esta medida es incluir en la boleta electoral a la presidenta y convertirla en jefa de campaña de todas las candidaturas de Morena, dejando en desventaja no solo a los partidos de oposición, sino también a sus aliados, el PT y el PVEM.
De hecho, el PT ya anunció su desacuerdo con el Plan B, lo que pondría en riesgo la aprobación de la reforma a la Constitución Política de México, ya que sin el voto de los petistas no les alcanzan los números a Morena y al PVEM.
Lo correcto es que se lleve a cabo en el mes de agosto, como lo establece la regulación vigente.
Ojalá alguien le diga a la presidenta, o a quien esté detrás de estos intentos de modificar la legislación electoral, la conocida frase: “Si algo funciona bien, no le muevas”. O, como diría el divo de Juárez “Pero qué necesidad”.