Una nueva crisis de salud ha llegado al país, el sarampión, un virus sumamente contagioso que inició con un caso en el estado de Chihuahua, en una persona que se contagió en Turquía.
Al momento de su detección, la Secretaría de Salud debió establecer de inmediato un cerco sanitario para evitar su propagación; sin embargo, con la baja cobertura de vacunación que tenemos, el virus encontró tierra fértil para expandirse.
Además, debido a la gran movilidad que hay en Ciudad Juárez, pronto llegó a comunidades con alta afluencia laboral y social.
De acuerdo con el informe diario que rinde el Sistema Especial de Vigilancia Epidemiológica, hasta el pasado 11 de febrero se han notificado 23,684 casos probables, de los cuales 9,187 han sido confirmados.
De estos, han fallecido 28 personas, la mayor parte en el estado donde se originó esta epidemia, con 21 defunciones.
Esto nos lleva a reflexionar que, hace apenas un par de años, hablar de sarampión en México era casi como remitirse a los libros de historia médica.
Hoy, con casi 24 mil casos detectados y más de 9 mil confirmados, la realidad nos ha dado un duro golpe, porque el virus no solo ha vuelto, sino que está desafiando nuevamente a nuestro sistema de salud.
La otra mala noticia se relaciona con el Mundial de Futbol.
La Organización Panamericana de la Salud fijó como fecha límite el 13 de abril para que el país mantenga el estatus de “país libre de sarampión”.
Si el sistema nacional de salud no logra establecer un control férreo sobre el virus y continúan creciendo los contagios, será un fracaso no solo del sistema de salud, sino también un riesgo para la organización del Mundial de Futbol, que inicia en junio.
Para lograr la inmunidad de rebaño se requiere que al menos el 95 por ciento de la población esté vacunada.
Sin embargo, en el sexenio anterior se descuidaron los esquemas de vacunación y la cobertura cayó drásticamente.
Hoy más que nunca, la lección es clara, las vacunas salvan vidas y la prevención no puede ser opcional.
Recuperar las coberturas de vacunación y fortalecer la vigilancia epidemiológica no es solo una tarea del gobierno, sino un compromiso colectivo.
De lo contrario, enfermedades que creíamos superadas seguirán regresando para recordarnos el alto costo de la negligencia.