La Operación Resolución Absoluta, ejecutada por fuerzas especiales del ejército estadounidense para extraer a Nicolás Maduro y a su esposa la noche del 3 de enero del territorio venezolano, podría marcar el inicio de una nueva reconfiguración del orden global, sustentada no en el diálogo multilateral, sino en la demostración abierta del poder.
No se trató del objetivo de frenar el trasiego de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos, ya sea a través de sus costas o con la participación de cárteles mexicanos, pues Venezuela no es un productor relevante de estupefacientes. Tampoco puede descartarse que la operación represente una oportunidad para apropiarse del control estratégico del petróleo, considerando que Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, incluso por encima de Arabia Saudita e Irak.
Sin embargo, el objetivo central de la administración Trump parece ser otro, el expulsar del continente americano la intervención y la influencia de potencias de otros hemisferios, que han extendido su presencia en Venezuela, como es el caso de China y Rusia.
La llamada “Doctrina Donroe”, como el propio presidente Trump ha bautizado la actualización de la histórica Doctrina Monroe, puede entenderse como la formalización de un nuevo orden internacional en el que las normas del derecho internacional son desplazadas por acuerdos de poder entre las grandes potencias.
La toma de Venezuela por parte de Estados Unidos podría convertirse en moneda de cambio para que Rusia consolide su influencia en Ucrania y en la periferia europea, mientras China avanza en el sudeste asiático, incluido Taiwán, principal aspiración expansionista de Xi Jinping.
La Doctrina Donroe representa una visión fragmentada del mundo, en la que el multilateralismo se diluye aún más para dar paso a un sistema dominado por potencias que ejercen control sobre sus respectivas regiones. En este contexto, organismos ya debilitados como la ONU, la OEA, el Consejo de Seguridad, la Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos pierden todavía más relevancia y capacidad de acción.
En este nuevo orden mundial, la ley del más fuerte se impone. Una orden de arresto por narcoterrorismo emitida por una corte federal del Distrito de Nueva York pesa más que una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
La geopolítica parece haber retrocedido casi un siglo, hasta el periodo de entreguerras, cuando un personaje siniestro como Adolf Hitler decidió invadir a los países vecinos, desatando una de las etapas más oscuras de la historia contemporánea. Esperemos que el presidente Trump recuerde las lecciones de aquellas horas sombrías que vivió el mundo durante la Segunda Guerra Mundial.