Decía Paulita Loya, mi bisabuela… «El que es ladrón, aunque tenga la panza llena».
Nunca creyó, y en eso comparto por completo su idea, en aquello de robar por hambre.
«Que te crujan las tripas», me decía, «pero nunca los principios».
Si me dicen que los gobernantes priístas y los panistas fueron bandidos, no argumentaría en contra… no todos, y no siempre, sería mi observación.
El que ese ladrón es ladrón…
Pero deberé reconocer que siendo corruptos, muchos de ellos realizaron obras que ahí siguen…
El tren Chepe nunca se descarriló, y mire usted que recorre una zona de alto peligro.
El Interoceánico en menos de un año lleva dos, y ha cobrado 13 vidas.
La corrupción priísta y panista consistía en comprar las cosas, que fueron útiles, a precios inflados… es decir, pagar más y agenciarse la diferencia.
Pero llegaron los impolutos morenistas con su pañuelo blanco…
Dijeron ser los más honrados… «No jomo como loj anteriore», recitaba el vejete ladrón.
No, queda en claro…
Repito, aquellos robaban en el sobreprecio.
Los morenistas roban en el precio inflado, pero además, en vez de entregar lo acordado, en la calidad acordada, entregan basura… entregan ínfima calidad… entregan obras que se vuelven peligrosas para los ciudadanos debido a que amplián la zona de robo: No solamente se llevan el sobreprecio; se llevan también el margen por la diferencia de calidad entre lo que entregan y lo que debían entregar.
Eso provoca que se desplome el metro de la ciudad de México.
Eso provoca que mueran miles de médicos en plena pandemia por la entrega de cubrebocas precarios.
Eso provoca que muera gente inocente al descarrilarse un tren que recorría la vía sobre balasto de mala calidad.
Esa corrupción es criminal, porque no solamente cuesta dinero, cuesta vidas inocentes.
Y doblemente criminal porque nadie paga por ello.
La verdad, debo decirlo… ¡Ni loco me subo al legendario Chepe ahora que lo administran los morenacos!