Me remito a un artículo publicado por su servidor en este mismo espacio hace cuatro meses… «Si juegas con las carpetas de otros; alguien tendrá la tuya».
La 4T se dedicó a jugar con las carpetas de investigación de priístas, panistas y emecistas.
Nunca hizo efectiva alguna.
Le bastó tener bajo amenaza a todos los líderes y a todos los operadores, para conseguir acuerdos de cooperación electoral… así se hicieron locos con el fraude perpetrado a favor de Claudia Sheinbaum; así repartieron de manera conveniente las diputaciones federales en donde no tenían posibilidad de obtener más de dos o tres.
Así obtuvieron senadurías que no estaban a su alcance…
No fue necesario hacer efectiva alguna amenaza, doblegaron a los supuestos opositores y como en Nuevo León, los hicieron pelear entre sí para beneplácito del Tlatoani.
Hasta que aparecieron las carpetas de la 4T…
Y no las tenía Peña Nieto; no aparecerían con Loret de Mola o en algún periódico influyente.
No saturarían las redes sociales con las pruebas de corrupción de López y de su familia… ni la complicidad de Sheinbaum.
A nadie de ellos, a nada de ello le temen.
Sus carpetas están en manos de Donald Trump… un loco a quien no le interesa quedar bien con Claudia Sheinbaum, un presidente que piensa que hacer a América Grande otra vez, significa que todos se arrodillen ante su efigie.
Cada vez aprieta más, y cada vez la presidente se empeña con más fervor que raya en el heroísmo (para sus huestes) en defender a todo el aparato criminal que la propulsó.
Pudiera liberarse de ellos, entregarlos, sacudirse la Reforma Judicial…
Pero insiste y endurece las medidas contra la libertad de los mexicanos… trata de solidificar las bases de una dictadura improbable porque sus bases se tambalean.
Las carpetas que ellos utilizaron con perverso afán… sus risas de hiena al referirse a la oposición, todo cambia al patético gesto en Sinaloa, con Claudia y Rocha con cara de funeral.
Las carpetas que vos negáis, gozan de cabal salud…