Un día, Héctor A. llegó a su primer día de Trabajo como Secretario de Seguridad del municipio de Juárez, en Nuevo León.
En cuestión de minutos llegaron unos tipos armados hasta los dientes, no eran policías, eran los criminales dueños del pueblo… los incipientes zetas.
Llevaban unas maletas de dinero, un millón de pesos en efectivo… «La plaza es nuestra; nos vas a dejar operar, y vas a estar bien».
No esperaron respuesta, se fueron y dejaron la maleta.
En cuanto Héctor A. los vio retirarse, llamó por teléfono al alcalde y le avisó que renunciaba… le pidió que pasara por la maleta de dinero.
Los viejos policías entendieron a tiempo que con ese tipo de criminales no se debe pactar porque siempre terminas mal.
Ya no quiso saber el fin que tuvo el dinero; simplemente se fue y nunca volvieron a molestarlo.
Antes de ello, cada policía, cada jefe policíaco sabía si se enredaba o no con los criminales; si no tomabas su dinero no te molestaban. Ellos a lo suyo y el policía a lo suyo.
Hasta que llegaron los zetas… entonces no podías permanecer en el cargo y negarte a tomar su dinero.
«Plata o Plomo», fue el lema…
Fue así que en aquellos aciagos años de los 2004-2011, por todo el país, los jefes policíacos eran asesinados…
En Nuevo León llegamos a un extremo terrible:
Policías de Escobedo que bloqueaban carreteras y avenidas principales en la exigencia de que los militares no entraran para imponer orden.
Policías de San Nicolás que armaron barricadas y se colocaron detrás de ellas, dispuestos a abrir fuego contra las fuerzas federales, que extraoficialmente, irían al CEDECO a capturar a varios jefes.
Las calles de Monterrey, la avenida Constitución, eran bloqueadas por criminales embozados, quienes exigían la salida del Ejército y la Gendarmería de la lucha contra el crimen organizado… los policías estatales acudieron a capturar a varios de ellos, solo para soltarlos a varias cuadras de distancia.
Sí; fueron los peores tiempos de la policía a nivel municipal y estatal.
Se invirtieron los papeles…
De aquellos legendarios policías quienes «pastoreaban» a ladrones, para que realizaron jornadas de robo controladas, a cambio de servir como informantes para aclarar crímenes mayores, pasamos a policías y jefes policíacos quienes trabajaban como empleados de las bandas criminales.
Aquello sobrevivió y generó terror en la ciudadanía…
Cuarteles de policía eran utilizados como centros de operación criminal, quienes mantenían en las celdas a las personas a quienes secuestraban.
¿Cómo se venció aquella terrible inercia?
La Fuerza Civil fundada en el último tercio del gobierno de Rodrigo Medina, a instancias de Felipe Calderón y con total apoyo de los grupos empresariales más fuertes de la ciudad y del país, terminó por imponer ley.
Felipe de Jesús Gallo, el entonces comisario, fue enviado a Monterrey desde Guadalajara y durante un año prepararon a los elementos, bajo una premisa: Ninguno de los nuevos policías debía tener antecedentes militares.
Debía ser una policía civil…
Cuidada al extremo por los militares que estaban a cargo del entrenamiento, a Fuerza Civil le fueron extirpados varias docenas de cadetes a quienes el crimen organizado inscribió en la Academia, con el fin de que el grupo naciera infiltrado.
Fue sin duda doloroso el proceso…
La Procuraduría Estatal y la Federal se encargaron de procesar a decenas, a cientos de policías municipales involucrados en el crimen organizado… otro tanto desertó de sus cargos cuando la avanzada federal y estatal iba por ellos.
Pero si no hay mal que dure cien años, entre los humanos tampoco hay bien inmarcesible.
Llegamos al 2018 y el cambio de la política criminal en México generó el crecimiento de nueva cuenta de las bandas, que tomaron de nueva cuenta el control de policías por todos lados.
La pesadilla se reedita…
Nuevo León no estuvo ajeno, y de nuevo, los maleantes llegaron con maletas de dinero a varios municipios, aunque en esta ocasión, casi todos los alcaldes metropolitanos se negaron a caer en la tentación de vender su plaza.
Pero no todos…
Es fácil saber en dónde los criminales tienen a sueldo a las policías… en dónde la autoridad es ahora empleada de los maleantes.
El Carmen fue un ejemplo terrible, Zuazua… en Ciénega el jefe de policía dirigía una banda de secuestradores.
Fuerza Civil es ahora una policía que lentamente recupera lo que le fue arrancado en el sexenio del mal llamado Bronco, Jaime Heliodoro Rodríguez.
Lamentablemente, esta Fuerza Civil es ahora apenas un 30 ó 40 por ciento efectiva con respecto a la que operaba al terminar el sexenio de Rodrigo Medina.
Los maleantes aún recorren municipios y comisarías con maletas de dinero… con amenaza y promesa.
Cada día, en estos tiempos en que debemos reconocer que no estamos tan mal como Michoacán, Guerrero o Tabasco, también debemos reconocer que no estamos tan bien como en el 2015.
Quizá, estemos en el parteaguas de un historia por escribirse… ¿Volveremos a los tiempos de paz o de criminales dueños de vidas y haciendas?