El hallazgo de un predio con miles de restos infantiles en Michoacán es algo que debiera horrorizar a México.
La Presidencia todavía no sabe qué y cómo explicar el tema.
Pero no hay duda, hablamos otra vez de campos de exterminio, del negocio del tráfico de órganos humanos, órganos de niños y niñas.
Tan solo imaginar lo que esos niños vieron y vivieron; lo que sufrieron… no puedo evitar indignación y rabia.
La mentira asquerosa de los campos de adiestramiento se cae de nuevo.
Los criminales no gastan un peso en adiestrar a sus maleantes… pero el tráfico humano les deja más dinero que el de drogas.
Así de claro y así de doloroso.





















