México es el país que más dinero le deja al futbol argentino…
Parece mentira, pero mientras algunos cuantos argentinos son vendidos a Europa en precios que van de los 15 a los 40 millones de dólares, en México se venden por decenas, jugadores que no tienen la mínima calidad para ser mejores que miles de muchachos que desde los llanos, pasan la vida en busca de una oportunidad en los equipos de primera división.
Pero ocurre que nuestros dueños de equipos solamente escuchan el tonito sudamericano y por arte de magia aparecen con los calzones en la mano.
Es su dinero, dirán con mucha razón, los seguidores de este deporte.
El tema es que es su dinero, pero es nuestra sociedad.
Con ese montón de jugadores maletas, quienes no harían el grado para jugar en plantillas de su país, basta para enloquecer a seguidores cuya capacidad mental para entender el juego, quedó de manifiesto en los pasados eventos del Fan Fest.
Y aquí, jugadores maletas y promotores vivales con tono sudamericano, hacen negocio con directivos que no saben maldita cosa del futbol, pero que gustan de aparecer junto a esos estrellas de papel.
Ahí tienen a CEMEX postrado por los 40 millones de dólares tirados en un lustro de compras de locura y ventas de ganga.
Tras ellos viene el fenómeno de las «barras», que llegaron a México de la mano del Grupo Pachuca, que no le va a pagar a México el daño que le hizo con esa modalidad, ni con mil eventos de su Salón de la Fama.
Y así, México embrutecido por su mediocre futbol, se deja seducir por los merolicos del micrófono quienes hablan de grandes gestas y heroicas derrotas.
Después, cuando nos eliminan, nos ponemos cualquier camiseta y a consumir se ha dicho…
¿Cuánto tiempo da usted para que aparezca en nuestros estadios ese hermoso gesto plástico de la selección noruega, de celebrar con el estilo del remo?
Será fabuloso, incitará a la unidad…
O al pedo.




















