Luis Donaldo Colosio Riojas toma la mano de su madre mientras mira hacia el lugar en que los restos de su padre bajan al descanso.
A mi, periodista, me partió el corazón… no imagino cuántos millones de mexicanos y mexicanas resolvieron que ese niño merecía desde ese momento llegar a la Presidencia cuando creciera.
Esa imagen no requiere de guardar proporciones, tiene la misma del pequeño John Kennedy cuando hace el saludo militar cuando pasa frente a él la carroza con los restos de su padre.
Estados Unidos decidió que le debía una Presidencia y se la iba a dar, si no se le ocurre salir a pilotar su avioneta hacia lontananza.
Luis Donaldo ya tuvo su ida a lontananza cuando decidió ir por la Alcaldía de Monterrey sin experiencia administrativa previa en el servicio público, cuando todo señalaba que el camino a la Presidencia pasaba por la diputación federal.
Pero volvió, maltrecho, pero volvió.
Ahora el camino pasa por Sonora…
Lo suficiente lejos para sentirse libre… lo suficiente cerca para que México y los que vivieron aquel doloroso momento, sientan que pagan su deuda con ese niño.


















