Es como una venta de garage.
El gobierno federal, con Harfush en calidad de punta de lanza, saca de sus trebejos historias para vender, para competir con las historias de sus gobernadores señalados por el gobierno de los Estados Unidos.
Acaban de atrapar ¡por fin!, al autor intelectual del asesinato de Carlos Manzo.
Es un tacuache a quien le colocan un apodo fuere… R-Uno.
Pero como los puentes del Bienestar, sacan tantas vigas que luego no coinciden.
Este miserable se une a la secretaria particular de Manzo, al taxista, y a los mozalbetes a los que pagaron por accionar las armas de fuego contra el alcalde que se convirtió en una filuda piedra en el zapato de la 4T.
No lo explica Harfush, cómo se relacionan los otros detenidos y los escoltas aún prófugos.
Para eso, supongo, vamos a tener que esperar otros siete meses de «trabajos de inteligencia», es decir, para armar el rompecabezas.
Ya pagaron entrevistas, ya fueron con Joaquín para contar la historia… ya la promocionaron.
Pero siguen sin cuadrar las vigas.
Es una venta de garage…
Porque Harfush todavía no explica cómo es que este tacuache logró que los 14 elementos de la Guardia Nacional que cuidaban a Manzo, dejaron que todo ocurriera sin que interviniesen.
Todavía no explica porqué no se siguieron protocolos de seguridad ante un personaje de tan alto impacto y tanto riesgo.
En esta venta de garage, para obtener fondos que permitan cubrir la necesidad de comprar tiempo y espacio, el gobierno federal, con Harfush en calidad de pregonero, sacan un zapato Ferragamo que no tiene par… una bolsa Gucci sin el emblema… calcetines finísimos de colores distintos…
Nada cuadra, pero apantalla… a inocentes.



















