En esa maravilla de la naturaleza humana, la miseria intelectual de López Obrador le deparaba caminos de fracaso académico y profesional… pero encontró camino para que su miseria interna se convirtiera en fortaleza.
Se hizo político…
No tuvo luces académicas, pero brilló en el oficio de la manipulación.
Se rodeó de gente igual, que abundaba en su entorno universitario.
Todos resentidos, todos ambiciosos, todos insensibles.
Y así se forjó un movimiento que floreció abonado por los desechos de la política, por partidos que en su propia debacle ni siquiera advirtieron lo que venía.
Llegado el tiempo, lo que es basura es basura, y el país se convirtió en el gran basurero.
La vida y la libertad, los bienes más preciados del ser humano, perdieron su valor por la ambición de saciar el hambre inmediata, por la ambición de rasguñar el poder… por la atracción del dinero fácil.
Nos llenamos de muertos y de menesterosos.
Pero llega el día en que otro igual que ellos de ignorante, populista e insensible, les cae encima.
Porque es igual en todo, menos en algo: El Poder.
Es mucho más poderoso.
Y ante el riesgo de ser aplastados, se traicionan, corren como roedores en busca del efímero refugio en el discurso viejo.
Miden los tiempos… juegan a debilitar al poderoso enemigo.
Juegan solamente…
Ya no hay discurso, al interior los enemigos se han fortalecido…
Los extorsionadores extorsionados.
Los perseguidores perseguidos…
López Obrador exhibe su imbecilidad con su cartita…
Ya no hay vuelta atrás.
Les llegó su hora.