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No se hagan patos

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Por: Red Crucero

Publicado el 29 de julio de 2026

Perdimos, como siempre.

Tengo 60 años viendo el futbol; soy aficionado del Santos y no lo he traicionado, a pesar de sus resultados.

Durante varios mundiales soñé con una selección que trajera buenos resultados a su afición.

Junto con el resto del país, pasé la vergüenza de los “cachirules” y la tristeza de la descalificación por el resultado contra Trinidad y Tobago en los meses previos al Mundial de Alemania.

La verdad: sí calienta la conducta de quienes dirigen el futbol en México.

Hasta ahora no hay una explicación para la afición y, mientras en Estados Unidos se desarrollaban los juegos finales y los españoles se coronaban, acá empezó de nuevo la liga.

Ya nadie sabe en qué torneo vamos ni quién fue el último campeón.

Desde hace varios años todo es una farsa: por año tenemos dos campeones, nadie desciende ni asciende, las liguillas las juegan la mitad de los equipos y tenemos conjuntos muy ricos y otros que luego no pagan ni la nómina.

Los campeonatos mexicanos son incubadoras de mediocridad y de aceptación de la conformidad; se eliminó la urgencia de ganar y los equipos viven sin riesgo y con un público seguro.

Lo de menos, y más en los tiempos de Morena, es decir: al que no le guste, que no vaya.

Sin embargo, en la sociedad capitalista en que vivimos, el futbol es un producto, en este caso un monopolio, y, por lo tanto, los consumidores tienen el derecho de exigir calidad, pues para ello pagan. 

Hasta hace poco, y como sucede con otros deportes, se deslizaba como motivo del destino de nuestro futbol la constitución física del mexicano y se auguraba el reinado de los africanos.

Sin embargo, la final fue entre latinos y, entre los mejores jugadores del mundo, se encuentran algunos de este grupo poblacional.

El asunto de la calidad se encuentra en otra parte: en el diseño de la formación de los atletas y en el sistema de competencia.

En otras columnas he comentado sobre los extremos del negocio del calcio, que incluyen violaciones a los derechos humanos y laborales, prácticas monopólicas, discriminación y otros males mayores.

Pero, aficionado como lo soy, en el caso de lo que acontece con el futbol nacional, hay, cuando menos, tres condiciones que nos tienen donde nos tienen.

Primera. Los empresarios se decidieron a obtener los máximos rendimientos que se pueden lograr en el corto plazo.

Es por ello que existe el sistema de competencia que ya hemos relatado.

Segunda. En congruencia con lo anterior, el sindicato de dueños de las franquicias no apuesta por una formación profunda de atletas.

Los jugadores se convierten en objetos de venta y explotación.

Tercera. No hay un proceso de autocrítica.

Las decisiones las toman los magnates que no viven la pasión de la afición y que, por unas monedas, la traicionan.

En fin, espero que mi querido Santos nos dé una alegría esta mini temporada.

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