Llegado el momento, he decidido honrar la memoria de mis padres.
¿Por qué he decidido que no me voy a inscribir en el padrón del Bienestar para recibir mi pensión?
Escucho muchas razones para hacerlo.
-Si no la sacas tú, se la van a robar los del gobierno.
-Es tu derecho.
-Puedes darle una buena utilidad.
-Regálasela a una familia de necesitados.
Y muchas, muchas más…
Pero una enseñanza vital de mis padres es la que se torna determinante.
«Que nunca entre en tu bolsillo un centavo que no te hayas ganado».
No requiero más argumentos.
Quiero honrarles.
El dinero regalado ablanda el temperamento, modula el malestar y abre caminos para los abusos.