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Los (malos) resultados económicos NO sorprenden

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Por: Red Crucero

Publicado el 6 de mayo de 2026

Los resultados económicos del primer trimestre del año ya están sobre la mesa.

Y, como era previsible para quienes vienen advirtiendo sobre el problema de fondo, las cifras no sorprenden: muestran una economía que se contrae, una inversión privada que se desploma y un clima de negocios que sigue deteriorándose.

Ante esta realidad, ya no bastan ajustes fiscales o discursos alentadores.

Lo que Urge es un cambio profundo de la estrategia política, porque sin certeza jurídica, sin seguridad y sin combate real a la corrupción, ningún país puede atraer inversiones relevantes, y mucho menos sostener un desarrollo económico de largo plazo.

1. La inversción no llega donde las reglas cambian cada día

El primer trimestre dejó en evidencia que la incertidumbre normativa se ha convertido en el principal factor de rechazo para los inversores.

Las reformas improvisadas, los cambios unilaterales en contratos, las interpretaciones discrecionales de la ley y la falta de independencia judicial generan un entorno en el que nadie se atreve a comprometer capital a mediano o largo plazo.

Los empresarios no piden favores: piden reglas claras, estables y predecibles.

Pero cuando un mismo gobierno modifica las condiciones de juego después de que las fichas están sobre la mesa, la confianza se rompe.

La caída de la inversión fija y la fuga de capitales registrada en el primer trimestre no son un accidente: son el resultado lógico de una política que ha erosionado sistemáticamente la seguridad jurídica.

2. La inseguridad como impuesto invisible pero letal

Asimismo, los indicadores de seguridad del primer trimestre siguen mostrando niveles inaceptables de violencia, extorsión, robo de cargas, secuestro y crimen organizado.

Cada día sin control territorial es un día que las empresas destinan recursos no a producir, sino a protegerse.

El costo de la inseguridad ya no es solo social: es económico y estructural.

Las grandes inversiones —industriales, tecnológicas, logísticas o energéticas— no se instalan donde el Estado no puede garantizar la integridad física de las personas ni la seguridad de los bienes.

Los capitales huyen del caos.

El primer trimestre confirma que no hay reactivación posible sin un plan serio y operativo de seguridad que reduzca los índices delictivos de manera sostenida.

3. La corrupción sistémica bloquea cualquier mejora

Por último, los casos de corrupción destapados en los últimos meses —muchos de ellos vinculados a contratos públicos, obras paralizadas o licitaciones amañadas— evidencian que el problema sigue intacto.

La corrupción no solo desvía recursos públicos que podrían destinarse a infraestructura o educación, sino que genera un desaliento profundo en el sector privado.

Cuando los empresarios perciben que competir no depende de la eficiencia sino de los contactos políticos o los sobornos, el mercado deja de funcionar.

El resultado es una economía de baja confianza, baja productividad y bajo crecimiento.

Los datos del primer trimestre muestran que los sectores más expuestos a la contratación pública son justamente los que más han caído.

Conclusión: sin un giro político, el retroceso será permanente

Quienes aún creen que con pequeños cambios técnicos o con campañas de comunicación se revertirá la tendencia, no han entendido la magnitud del problema.

El primer trimestre fue un campanazo: la economía no va a despegar mientras persistan la arbitrariedad jurídica, la inseguridad desbordada y la corrupción impune.

Esto no es un diagnóstico ideológico, es una constatación empírica que se repite en cada crisis económica de la historia reciente.

Por eso, cambiar la estrategia política no es una opción: es una urgencia.

Hace falta un gobierno que ponga fin a la discrecionalidad normativa, que garantice la seguridad en todo el territorio, y que actúe con mano firme contra la corrupción, empezando por los propios círculos del poder.

Solo así —con certeza jurídica, seguridad real y transparencia efectiva— se recuperará la confianza inversionista y se podrá revertir el retroceso permanente que hoy confirman los números del primer trimestre.

De lo contrario, los próximos trimestres no harán más que profundizar la misma triste historia.

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