No tendremos sorpresas: el proyecto de presupuesto que envió la Secretaría de Hacienda y Crédito Público será votado en sus términos.
Si hay cambios, estos sucederán porque les convienen a los funcionarios del Ejecutivo federal y no por propuestas de los legisladores.
La llegada de Morena al gobierno canceló, en la práctica, las facultades del Legislativo en materia presupuestal.
La bancada guinda le compró a López Obrador el discurso de los «moches» a los diputados y, para no batallar ni entrar en conflicto con el tabasqueño, lleva ocho años aceptando todo lo que le mandan desde Hacienda.
En estos tiempos, los diputados no deciden sobre ninguna obra en sus distritos y mucho menos sobre acciones que beneficien a sus electores.
En 2018, López Obrador requería dinero para sus sueños faraónicos y, en otras palabras, les dijo a sus huestes: «Si les dejo usar sus facultades para asignar recursos a obras en sus comunidades, ustedes se los van a robar».
Ellos, obedientes, aceptaron la ofensa y, desde entonces, ni proponen ni critican.
Los últimos presidentes provenientes del PAN y del PRI habrían brincado de gusto con legisladores tan disciplinados como los que ahora militan en Morena.
Durante una semana, cuando se debata el presupuesto, veremos a cientos de diputados de oposición subir a la tribuna para reclamar omisión tras omisión en el documento y hacer solicitudes en favor de sus electores.
La mayoría, de manera mecánica, va a levantar la mano para desechar, sin debate, las propuestas.
Los del partido oficial subirán a tribuna argumentando una supuesta solicitud de cambio al presupuesto; sin embargo, al terminar sus discursos, declinarán su intención.
Su objetivo es cantar loas al gobierno y, con suerte, ser escuchados en Palacio Nacional o tal vez en Palenque.
Usan un truco parlamentario para tener esa oportunidad de hacer uso de la palabra.
El presupuesto que se votará asciende a 10 billones 636 mil millones de pesos y muestra las presiones que enfrenta la hacienda pública del país.
Veamos algunas pruebas de esa fragilidad contenidas en el documento:
1. Se mantiene un déficit elevado y poco recomendable.
Los Requerimientos Financieros del Sector Público, que representan la medida más amplia del déficit, equivaldrán al 3.9% del PIB.
2. El elevado pago por el servicio de la deuda.
Se destinarán aproximadamente 1 billón 575 mil millones de pesos al costo financiero.
Pero hay otro dato que merece atención: mientras Hacienda calcula que el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP) llegará al 55% del PIB en 2027, el Fondo Monetario Internacional estima que la deuda bruta del sector público alcanzará el 62.9% del PIB en ese mismo año.
La diferencia obedece a que se trata de indicadores con metodologías distintas, pero ambos muestran el peso creciente de las obligaciones financieras del país y los recursos que deberán destinarse a cubrirlas.
Sí, con Morena, en ocho años el país ha incrementado considerablemente sus compromisos financieros y una buena parte de los recursos solicitados se fue al caño.
3. Los enormes requerimientos de recursos para sostener las obras faraónicas heredadas por López Obrador, entre las cuales se encuentran el Tren Maya, el Corredor Interoceánico, los aeropuertos, los hoteles y la refinería de Dos Bocas.
4. La disminución, comparada con 2018, de los recursos destinados a áreas estratégicas como justicia, infraestructura, cultura y medio ambiente.
5. La insuficiente inversión para generar crecimiento económico y fortalecer la capacidad productiva del país.
La democracia, como sostiene Habermas, no es solo una cuestión de votos.
Requiere información, debate, búsqueda de consensos y, en fin, lo que llamaríamos una sana dialéctica parlamentaria.
Las cosas no marchan bien en el país y bien haría el régimen en entender que hay oposiciones que, desde sus particulares trincheras partidistas, pueden presentar soluciones a los graves problemas que hoy se viven.
P. S. Espero que alguien en Morena tenga idea de quién era Habermas.




















