En el juego político todo vale, y el que juega sabe que la derrota es una variable.
El que apuesta sabe lo que apuesta, porque el que apuesta a ciegas, se condena a sí mismo.
En pocas palabras…
¿Saben los diputados y diputadas que cambian de partido lo que se juegan?
Alejandro Junco nos decía en las juntas de ejecutivos, que El Norte no vendía papel, sino credibilidad.
Porque entonces la tenía…
¿Qué venden los diputados que se van?
¿Credibilidad?
Nadie vende lo que no tiene.
Y no es algo nuevo, por alguna razón la clase política permite que la profesión más denostada en México sea la de diputado o diputada.
Entonces, quizá piensan que al cambiarse no pierden credibilidad o prestigio, porque no pueden perder lo que no tienen.
Si mañana son candidatos o candidatas a alcalde o a otra diputación por otro partido, nadie va a protestar… no recibirán críticas letales para sus aspiraciones.
El servicio público está lleno de políticos que cambiaron de partido a conveniencia.
Por políticos que no honraron su palabra ni cumplieron sus promesas.
Así que nadie rasgue sus vestiduras.
Esto de cambiar de partido sin pudor no daña en un ápice las aspiraciones inmediatas…
Daña, eso si, la poca fe de la ciudadanía en su clase política y abona al peor de todos los monstruos:
El abstencionismo.




















