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Democracia en riesgo

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Por: Red Crucero

Publicado el 21 de abril de 2026

El pasado 18 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum asistió a la IV Reunión en Defensa de la Democracia, también conocida como la Cumbre Progresista, en Barcelona, España, atendiendo la convocatoria del mandatario español, Pedro Sánchez.

Al encuentro acudieron figuras como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Yamandú Orsi (Uruguay) y el expresidente chileno Gabriel Boric, además de diversos cancilleres.

El objetivo central fue consolidar un frente común ante el avance de los movimientos denominados de «ultraderecha». Sin embargo, pese a las buenas intenciones, saltan a la vista contradicciones que debilitan el propósito de fortalecer las instituciones democráticas.

Un ejemplo flagrante es el respaldo al régimen cubano, un país que suma 67 años bajo una dictadura donde solo se reconoce la existencia del Partido Comunista.

En la isla, la democracia parece ser un concepto limitado a los diccionarios, pues generaciones enteras han crecido sin conocer las libertades fundamentales ni el pluralismo político.

Resulta paradójico afirmar que la democracia debe trascender lo electoral para garantizar la justicia social, mientras se valida un sistema que carece de ambas.

Por otro lado, es preocupante que México busque protagonismo en foros internacionales de esta índole mientras, simultáneamente, se dinamitan las instituciones democráticas en casa.

La captura del INE y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con la integración de perfiles estrechamente vinculados al poder gubernamental, apunta hacia una regresión institucional.

Desde 1997, cuando el partido oficial perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, la ciudadanía mexicana parecía haber sepultado el sistema de partido único.

No obstante, con las reformas actuales, parece haber un empeño por revivir ese cadáver político que llevaba casi tres décadas descansando en paz.

De concretarse esta nueva era de hegemonía absoluta, se heredará una carga histórica y social sumamente pesada a las próximas generaciones.

México no merece regresar a la era del pensamiento único. Si la Presidenta desea realmente defender la democracia, el primer paso es protegerla de aquellos que, dentro de su propio círculo, anhelan restaurar el pasado centralista que tanto costó superar.

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