La manera en que encendió ánimos, la forma en que su discurso se adapta a la perfección al contorno de un reclamo ciudadano.
Este país necesita agallas, agallas de verdad.
No de las que se pregonan…
Calderón ya enseñó que las tiene.
Los panistas, todos los panistas, se le entregan.
La clase media clama por él.
No clama por las balandronadas de Romerito.
No por la idiotez de Markito Cortés.
El PAN reclama que vuelvan los que ya le dieron a este país una victoria clara sobre la narcopolítica.
El PAN no va a resurgir con su chupaleta de abrir las puertas a los ciudadanos para ser candidatos, habida cuenta de que a los ciudadanos, este PAN les importa un bledo.
Calderón debe ser su dirigente… su líder.
El PAN está en vías de extinción y su salvavidas tiene un nombre escrito: Felipe Calderón.
Pueden ahogarse con todo su ego encima.
O pueden salvarse con humildad suprema.